Escritor sin pitutos sólo quiere que lo lean…

Sí, sólo quiero que me lean, y no me refiero al blog. Para eso hice Literadura. Por favor visítenla.

Acerca del ego del escritor, o por qué “sólo quiero que me lean”

Comencé a escribir porque lo necesitaba, habrían muchas cosas en mi cabeza, demasiada imaginación. Creo que a la larga podría haber desarrollado algún cuadro psiquiátrico por eso. En cambio sublimé toda la locura escribiendo, enfocando la imaginación por rutas que me interesaba cruzar. Ése fue el inicio.

Después, ya en la universidad, sufrí lo que se conoce como “el despertar del ego”, que ocurre cuando por accidente o a propósito uno de mis cuentos cayó en las manos de alguien y recibí muy buenos comentarios.

Desde entonces no he dejado de imaginarme asediado por la prensa especializada y por escritores jóvenes que compran mis libros y siguen mi ejemplo. A veces se vuelve un deseo patológico, pero nunca deja la esfera de lo utópico y no ha llegado a afectar mi vida en ningún aspecto, aún.

Entonces, ¿qué quiero en realidad? Quiero que me lean, que alguien lea mis cuentos y diga “éste me gustó, éste no…” y que pueda decirme por qué. Mi ego lo exige. Pero no tengo apuro.

Acerca del pituto literario o “la mafia de las letras”

Suena fuerte, suena feo. ¿Una mafia en el mundillo literario? Quizá mafia no sea la palabra adecuada, pero algo hay en ahí que no permite a un escritor sin ganas de sobarle el lomo a nadie, escalar y poder vivir de sus escritos.

¿Qué sería de mí si en vez de leer tanta Zona de Contacto, hubiera optado por un taller literario liderado por algún escritor de renombre? ¿Qué habría ocurrido si ese escritor fuera, por casualidad, jurado de algún certamen literario? ¿Qué habría ocurrido si hubiera adoptado el método y la métrica de ese escritor destacado, logrando que éste me considerara como un cabro con mucho futuro?

Seguramente habría ganado algunos de los concursos literarios a los que me presenté. Tal vez habría entrado en el círculo cerrado de los escritores amigos de ese mentor renombrado. Tal vez otros escritores me habrían tomado en cuenta. Con suerte, ahora sería referente de una generación creativa.

Debo admitir que tengo un prejuicio aquí. Detesto a los “afortunados” que ganaron concursos (y premios) gracias al pituto. Eso se llama CORRUPCIÓN. No desmerezco la calidad de sus escritos, la mayoría habría ganado quizá sin mayor apoyo que su sólo esfuerzo. Pero de verdad los detesto por haberme quitado la posibilidad de perder con dignidad. Cuando el resultado del concurso está viciado, no me queda más que dudar de todos los que participaron en esa decisión, los organizadores del concurso y el jurado. “Pude ser el ganador”, pienso.

¿Cómo saber si un concurso literario está viciado? Basta con saber si el ganador o ganadora tienen algún nexo con alguno de los miembros del jurado u organizadores, nada más. Da lo mismo si presentaron su obra con seudónimo, su forma de escribir es como su huella digital.

La ciencia ficción, la fantasía y el terror como géneros perdedores

No sé de ningún cuento o novela perteneciente al género de lo imposible y lo improbable, la fantasía y la ciencia ficción, incluyamos también al terror, que haya ganado algún certamen de temática “genérica” o no enfocada exclusivamente a alguno de esos géneros “minoritarios”.

¿Quién dice minoritarios? Los mayores éxitos de la literatura y el cine pertenecen a estos géneros. Poe, Asimov, C.S. Lewis, Tolkien, Zelazny, Lovecraft, Spielberg… La lista es larga y me da lata ser detallista en este punto. ¿Es necesario demostrarlo con cifras?

Pero los concursos literarios se jactan de ser “realistas”. He leído unos cuantos ganadores, las tramas y los personajes suelen ser descabellados, no hablan de una cosa “real” sino de la recreación teatral de un esquema psicológico muy rebuscado. ¿Qué es eso sino fantasía ambientada en un cuchitril que nos parece conocido?

De la misma manera hay demasiada ciencia ficción que es en realidad un western con naves espaciales y rayos láser (La Guerra de las Galaxias) o secuelas que nos hablan de magia y profesías autocumplidas (Harry Potter).

Por qué esta antipatía

Se podría decir que soy un amargado al pensar así del medio que me circunda. Pero ya participé en casi todos los concursos, año tras año, sin resultado. Eso no significa que mis cuentos merecieran ganar; significa que nadie les prestó ni una pizca de atención, ni siquier para avanzar desde la primera ronda o quedar preseleccionado.

Porque el género donde desarrollo mi imaginación está muy lejos del círculo literario nacional. Porque hablar de temas tan extraños como un planeta donde las formas de vida dominante son vegetales, o que pudiera existir una sociedad con fundamentos espirituales que no tienen nada que ver con Dios… esas cosas son bárbaras, foráneas, copiadas de alguna serie del tv-cable, indignas cuando se alejan de lo telúrico, las raíces de tu pueblo o tu ciudad o tu grupo de amigos. ¿Super poderes? Desarróllalo en un cómix. ¿Naves espaciales? Vaya a molestar a los ufólogos. ¿Ciencia ficción? Hágalo guión y envíelo a Hollywood.

¡NO NOS MOLESTE CON SUS BOBADAS!

Mientras tanto sigo. No espero convertirme en gurú o despegar del anonimato porque no me gusta la corrupción del sistema. Se ve en la música, se ve en la política. ¿Por qué no en la literatura?

Por lo menos no estamos como México.

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