Discurso de Ursula K. Le Guin en los National Book Awards de 2014

Ursula es una de mis autoras favoritas. Su libro La Mano Izquierda de la Oscuridad me mostró que es posible escribir ciencia ficción dura con ciencias blandas como la sociología aún así ser verdadera ciencia ficción. Si no lo han leído, al final del post dejo una lista con sus libros más reputados.

El 19 de noviembre de 2014 la Fundación Nacional del Libro estadounidense entregó sus premios anuales durante una ceremonia celebrada en Nueva York. En esta oportunidad la Medalla por una Distinguida Contribución a las Letras Estadounidenses fue para Ursula K. Le Guin por su trayectoria literaria.

Ursula K. Le Guin es una de las más importantes escritoras de fantasía y ciencia ficción del siglo XX y XXI. Nacida el 21 de octubre de 1929, sus novelas se caracterizan por incluir temáticas y humanas con una profundidad inédita. Los conceptos que vertió en sus obras de fantasía, como la saga de Terramar, moldearon el género, siendo imitados por varios autores. Además, ha ganado los premios Hugo y Nébula en varias oportunidades.

Este es su discurso

Gracias, Neil, y también a la organización que entrega esta hermosa recompensa; gracias de corazón. Mi familia, mi agente y mis editores ya saben que el hecho de que esté aquí es tan mérito suyo como mío, y que esta hermosa recompensa les pertenece tanto como a mí. Y me complace mucho aceptarla en su nombre y compartirla con todos los escritores que tanto tiempo llevan excluidos de la literatura: mis colegas autores de fantasía y ciencia ficción, los escritores de la imaginación que llevan cincuenta años viendo cómo estas hermosas recompensas eran para los llamados realistas.

Creo que llegan tiempos difíciles en los que buscaremos las voces de escritores que sepan ver alternativas a nuestro modo de vida actual, y que sepan ver, más allá de nuestra sociedad temerosa y sus obsesivas tecnologías, hacia otras formas de ser, e incluso imaginen bases sólidas para la esperanza. Necesitaremos escritores que sepan recordar la libertad. Poetas, visionarios, los realistas de una realidad más amplia.

Ahora mismo, creo que necesitamos escritores que entiendan la diferencia entre producir un bien de mercado y practicar un arte. Desarrollar material escrito que encaje en estrategias comerciales para maximizar los beneficios corporativos e ingresos publicitarios no es del todo lo mismo que publicar libros con responsabilidad o ser un autor.

Sin embargo, veo cómo los departamentos comerciales ganan control sobre los editoriales; veo a mis propios editores sumidos en un pánico estúpido de ignorancia y avaricia, cobrando a las bibliotecas públicas por un e-book seis o siete veces lo que cobran a los clientes. Acabamos de ver a un usurero intentar castigar a una editorial por desobediencia, y a escritores amenazados por la fatwa corporativa, y veo a muchos de nosotros, los productores que escribimos los libros, que creamos los libros, aceptarlo. Permitir que los mercaderes usureros nos vendan como desodorantes y nos digan qué publicar y qué escribir.

Los libros, como sabéis, no son solo mercancías. El ansia de beneficio a menudo entra en conflicto con la creación artística. Vivimos en el capitalismo. Su poder parece inexorable. También lo parecía el derecho divino de los reyes. Todo poder humano puede resistirse y cambiarse por seres humanos. La resistencia y el cambio muchas veces empiezan con el arte, y muy a menudo con nuestro arte, el arte de las palabras.

He tenido una carrera buena y larga. En buena compañía. Y ahora, al final de ella, de verdad no quiero ver la literatura estadounidense traicionada y malvendida. Los que vivimos de escribir y publicar queremos, y deberíamos exigir, una parte justa de los beneficios. Pero el nombre de nuestra hermosa recompensa no es «beneficio». Su nombre es «libertad».

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