Leer en voz alta lo que escribo, entre otros nuevos aprendizajes

Es increíble como ayuda.

Un d√≠a cualquiera, decidido ‚ÄĒotra vez, para variar‚ÄĒ a hacer algo con mi primera novela, me puse a leer el pr√≥logo a Leoncio. √Čl no entendi√≥ nada; de hecho pens√≥ que era una buena oportunidad para subirse encima m√≠o y de paso, apagar el computador.

Bueh… el asunto es que en esa lectura, s√≥lo por usar un sentido extra descubr√≠ muchos aspectos de la narraci√≥n que estaban ocultos.

El primero es la sonoridad de las palabras, que seg√ļn yo estaban bien empleadas… pero al leer los p√°rrafos se siente cuando no corresponden, no porque su sem√°ntica est√© errada, sino porque suenan mal en el conjunto.

El segundo es el ritmo. El uso de la puntuación es determinante si queremos que la lectura sea ordenada, ágil o pausada, dependiendo del efecto que esperemos lograr. Muchas comas hacen que el relato se ponga lento, lo interrumpen con comentarios que pueden hacerse después. Es lo más difícil al hacer un relato, decir lo que se tiene que decir para que la historia tenga forma y no quede coja, y decirlo en el momento justo.

¡Esto es un blog, así que puedo poner todas las comas que me den la regalada gana!

Adem√°s, a pito de haber puesto el primer cap√≠tulo de mi novela Sordomudo en Internet, recib√≠ algunos mails desgarradores… pero en buena. ¬ŅC√≥mo explicarlo? Mejo no lo explico, pero puedo asegurar que por muy terribles que sonaban, fueron las mejores cr√≠ticas que he recibido desde que comenc√© a escribir hace tantos a√Īos.

Ah√≠ aprend√≠ que hay algo llamado ELIPSIS. Seg√ļn me explicaban, en literatura las elipsis permiten que el lector vuelva al pasado, recuerde algo que ya ley√≥ y que hace conexi√≥n con la acci√≥n presente. No es un flash-back ni un raconto. La explico con un ejemplo.

Al principio de una historia, va Juanito y encuentra una piedra plana con una runa tallada. El relato prosigue, Juanito mantiene la piedra en el bolsillo pero ni se acuerda que la tiene. El lector seguramente tambi√©n lo olvid√≥. Y a mitad del relato, hay una extra√Īa puerta con un calado, donde cabe una llave con forma de piedra plana con una runa tallada en ella. Entonces Juanito se acuerda, claro que despu√©s que el lector. Se hace un nexo con el encuentro de la piedra, con el contexto en que esa piedra fue encontrada; y toda la historia transcurrida desde entonces hasta el presente cobra sentido.

ELIPSIS. Lo he reconocido en muchos libros, ten√≠a el rudimento de idea en la punta del l√≥bulo frontal, lo hab√≠a aplicado incluso en alguno que otro cuento… pero ahora que me han aclarado la pel√≠cula, todo marcha mejor, la historia se redondea sola, las piezas encajan, etc.

Otra cosa que aprendí es que los personajes no se describen a sí mismos con los simples diálogos ni las acciones, y que el lector no se los puede imaginar si el autor no los describe. En esos casos, el lector se puede imaginar a sí mismo como el personaje y esto puede llevar a equívocos.

El autor ‚ÄĒmediante el narrador‚ÄĒ debe describir a los personajes, debe caracterizarlos, y las astutas maneras de hacer esto son muchas, mezclando la descripci√≥n con la narraci√≥n de lo que va ocurriendo. Pero nunca hay que dejar la descripci√≥n para despu√©s. El lector asocia el nombre del personaje con un f√≠sico y un rostro particulares, y no se los va a sacar de la cabeza hasta el final.

Y con respecto a la narración misma, describir situaciones y actitudes de los personajes no entrega mucho al lector para identificarse con el personaje o identificarlo con alguien. Los comentarios, las comparaciones, los recuerdos, todos esos condimentos dan sabor a la narración, pero abusar de ellos nos aleja del objetivo, que es contar una historia.

Pucha que es complicado. Pero con una tranquila lectura en voz alta se pueden detectar estos detalles. (mish! una elipsis).

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