Trabajar desde casa

Escritores en cuarentena

O por qué el Covid-19 no me afecta… todavía.

He pasado hartos días encerrado por motivos médicos. Apendicitis. Un virus estomacal. Vértigo. Y en cada oportunidad me he visto con exceso de tiempo libre. Pero adivinen qué: no escribí ni un carajo.

Estar enfermo y encerrado no fomenta mi proceso creativo. Otras personas reaccionarán distinto. Yo entro en modo procrastinador terminal.

Por eso esta semana, con la seudo cuarentena tardía en Chile, tuve la ilusión de que podría avanzar la novela. Pero no. Porque mi trabajo requiere que pase el día completo conectado a internet. Porque ahora todas las reuniones son virtuales. Porque llegan 200% más de correos. Porque se triplicaron las distracciones.

El teletrabajo es posible y no me complica. Desde el estallido social de la primavera de 2019 en Chile hice muchas jornadas de teletrabajo. Es cierto que soy un privilegiado en este aspecto. Trabajar desde la casa o en un café me resulta natural.

Pero escribir un cuento o novela o guion o lo que sea en la misma circunstancia, no puedo. Y es mi culpa, porque me pasé la última década entrenándome para escribir especialmente en las madrugadas. Rara vez he escrito en las tardes o en la noche.

Lo bueno es que en mi grupo cercano aún no hay ningún infectado con el coronavirus. Siento que es cosa de tiempo nomás. En Chile el tema se tomó a la ligera. Yo mismo lo vi como una posibilidad remota. Y así es como nos encontramos todos tratando de hacer una vida laboral normal desde la casa.

Solo espero que cuando me enferme, el covid-19 me encuentre con las defensas altas y no me mande a la uti.

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