El “problema” de la originalidad

Publicada el 9 de Enero de 2019.
¿Quién le copia a quién?

¿Es posible ser original? En todas partes oigo y leo que la originalidad es “imposible”, que todo ya está hecho y que ahora solo hacemos “derivados” de obras que nos parecen exitosas, con el único objetivo de montarnos sobre ese éxito.

Pienso en Avatar, que no es otra cosa que Pocahontas en un planeta extraño. Me acuerdo de Eragon, que es la historia del Héroe de las mil caras replicada al pie de la letra.

La semejanza entre dos historias no convierte una en copia de la otra.

Tal vez no se puede ser original, no ahora ni nunca. Es difícil especialmente desde la ignorancia, cuando tu historia se parece mucho, demasiado, a otra y no lo sabes hasta que alguien te lo restriega en la cara.

Lo cierto es que todas las historias derivan de alguna otra, que a su vez proviene de algún miedo primigenio. Así nacieron los mitos y las teologías originales, que luego derivaron y se especializaron. No podemos escapar de la historia embebida en nuestro ADN.

Pero tampoco hay que ser tan melodramático. Avatar es muy parecido a Pocahontas, que a su vez es una leyenda filtrada por el paso del tiempo hasta convertirse en una historia de amor trascendente. Sigue la estructura de las películas de Hollywood y se puede analizar dividiendo la historia en siete piezas relevantes y a su vez en tres actos, tal como lo describió Aristóteles en el -335. ¿Qué tal si tomo esta historia y en vez de hacerla en el espacio, la hago con sirenas? Se me acaba de ocurrir la historia de la Sirenita.

La originalidad es un objeto valioso y difícil de obtener. Y como es tan lejano y difícil de alcanzar, puedo optar a la segunda mejor opción: crear historias que tengan algo que las ubique por sí mismas en un lugar diferenciador, incluso si son claramente derivadas.

Ahí tienes Crepúsculo y la mayoría de las obras etiquetadas como “romance paranormal”. Todas son derivadas de alguna otra obra derivada de su fuente lejana que puede ser Drácula, Frankenstein o La Momia, con extraterrestres o zombies.

Todo es posible. Lo único que no podemos hacer, so pena de ser tildados como plagiadores, es copiar descaradamente una historia, reescribirla sin cambiar los elementos que la identifican, y presentarla como una obra propia y original. Eso es estúpido.

Pero entonces tenemos el caso de Plagio entre Luc Besson y John Carpenter. En 2015 Besson fue declarado culpable de plagio a favor de Carpenter, por “copiar masivamente elementos clave” de la película Escape de Nueva York (1981) en su película Lockout (2012). Y en 2016 se retificó el plagio. Besson plagió.

El peligro de calcar un tema “high concept” y usar las mismas herramientas para construir la historia.

Vi las dos películas y son demasiado similares, al punto que la película de Besson podría calificarse como un remake de la película de Carpenter. El héroe entra en la prisión volando, se enfrenta a los presos dirigidos por un jefe con un extraño brazo derecho, encuentra un maletín sumamente importante y se re encuentra con un ex compañero que luego muere. Y al final de la película, el héroe se queda con los documentos secretos recuperados durante la misión.

Las probabilidad de que una película se parezca a otra es muy alta, sobre todo cuando todos los escritores de Hollywood utilizan los mismos temas high concept, las mismas estructuras y toman las mismas decisiones dramáticas para resolver los problemas de sus protagonistas. Ejemplos hay muchos, aunque no siempre se los califica de plagio.