horror cosmico

Deconstruyendo al H.P. Lovecraft ése

Intento de rescate del horror cósmico, a pesar de que Lovecraft era un tipo nefasto.

Quién fue H.P. Lovecraft

Howard Phillip Lovecraft
Howard y su
miedo abrumador
a lo diferente.

Howard Phillips Lovecraft fue una persona con problemas. Sufría depresión crónica. No tenía buena respuesta a la crítica de sus obras. Era agorafóbico. Padecía ominosas pesadillas y colapsos mentales. No todo al mismo tiempo, pero al menos una de las anteriores cada tanto.

Nació en EE.UU. En Providence, Rhode Island, el 20 de agosto de 1890. Y falleció en la misma Providence el 15 de marzo de 1937 producto de un cáncer intestinal, a los 46 años.

Creció en una familia burguesa ultraconservadora caída en desgracia. Su padre murió cuando era un niño y su madre lo sobreprotegió contra los horrores del mundo exterior, que se componían principalmente por inmigrantes, personas con piel oscura u ojos rasgados, y otros estratos socioeconómicos «inferiores». Su madre falleció en 1921.

En 1924 Howard se casó con Sonia Greene y se mudó a Brooklyn. Aquí vivió en un pequeño departamento. Y fue durante su estadía en esta ciudad cosmopolita, que Howard incrementó y reafirmó todo su ultraconservadurismo, su xenofobia y su racismo preexistentes. 

El matrimonio con Sonia fracasó, por diversas razones. Aunque al parecer nuca se divorció. Y luego de un año y algo más regresó a Providence, donde vivió con unas tías, en estado de ostracismo y melancolía. Se comunicaba por carta con sus conocidos. Escribía cuentos para la revista Weird Tales, donde publicó en vida gran parte de su obra. Que se impregnaba totalmente por su miedo abrumador a lo desconocido.

La influencia de sus obras

Instant Lovecraft
Copiado de Overly Sarcastic Productions: Sujeto no es completamente comprendido; llenar los vacíos con HORROR; escribir una historia revelando gradualmente ese horror; Lovecraft instantáneo.

Algunas de las historias más conocidas de H.P. Lovecraft son «La llamada de Cthulhu» (1926), «El horror de Dunwitch» (1929), «En las montañas de la locura» (1931), «La Sombra sobre Innsmouth» (1931)  y «El caso de Charles Dexter Ward» (1941). Entre muchas otras.

Éstas se construyen sobre una mitología propia de horror cósmico, que incluye elementos de ciencia ficción como razas alienígenas, viajes en el tiempo, la existencia de otras dimensiones; y un miendo abrumador a lo desconocido.

Se conoce a Lovecraft especialmente por los Mitos de Cthulhu (que en inglés se pronuncia Kathulu; y en español lo he escuchado como Kachulu). Y en su obra se puede reconocer sus ideologías ultraconservadoras, su sexismo, su racismo y su xenofobia. 

Los protagonistas de sus obras son lo que se conoce como «Gary Stu», pero con rango literario: hombres cisgénero, «blancos» (entendido como ese color damasco lechoso con tonalidads rosadas), educados, seguramente eruditos de la universidad (ficticia) de Miskatonic. Ecos de la versión ideal que Lovecraft tenía de sí mismo.

Mientras que sus antagonistas y villanos son prácticamente el resto del mundo que no calzaba con su ideal de héroe. Especialmente las personas con un «fenotipo recesivo endogámico». Y los inmigrantes, las personas con otros colores de piel, con otros idiomas y dietas y modas, otras realidades. Y todos los territorios donde no impera el cristianismo. Todo eso para Lovecraft representaba lo desconocido y aterrador. El mundo, en su totalidad.

(Esta representación del autor es reduccionista; seguramente Howard era igual de complejo que tú y yo; pero no voy a dedicar mucho más tiempo en descubrir sus complejidades. Te invito a hacerlo por tu cuenta.)

Hoy también se lo reconoce por ser un autor de muchos adjetivos, de mucho «tell» en vez de «show», y demasiada exposición. Además por ser influyente entre las/los autores jóvenes de literatura fantástica y de terror, ya que su obra es ampliamente conocida y súper accesible.

Sus obras se han adaptado al cine, los videojuegos y los juegos de mesa. Y gracias a que algunas de sus historias son de dominio público (dependiendo de la fecha de publicación), muchas editoriales lo publican como parte de su catálogo.

El Horror Cósmico

El horror cósmico no-lovecraftiano
Horror cósmico no-lovecraftiano.

El universo es vasto, infinito. Tan grande que nuestras mentes no pueden comprenderlo ni aprehenderlo. En comparación con la escala universal, tú miserable ser humano eres pequeño, minúsculo, intrascendente. Nuestra entera civilización es irrelevante. 

Este conocimiento te llena con emociones difíciles de describir. Te acerca al nihilismo y a la paranoia. Y/O al tierraplanismo. ¿Por qué existo? ¿Cuál es mi función aquí? ¿Te colapsa un miedo abrumador a lo desconocido? Allá afuera todo es posible. Todo es horroroso. Especialmente los horrores de la carne. Solo pensarlo me da escalofríos.

De eso se trata el horror cósmico. No es acerca de los monstruos o la violencia que viene desde un más allá antiguo, incluso anterior al universo mismo. Este horror es acerca del reconocimiento de las limitaciones de tu propia humanidad. Y del pavor existencial que este reconocimiento provoca.

Por qué rescato el horror cósmico, pero no el terror «lovecraftiano» 

Terror «lovecraftiano», miedos indescriptibles
Terror «lovecraftiano», miedos indescriptibles.

Para que una obra sea terror «lovecraftiano», primero tiene que existir dentro de la mitología creada por Lovecraft (y sus amigotes). Y además tiene que tocar en algún grado el horror cósmico. Si no tiene ninguna de las piezas del rompecabezas «lovecraftiano», no es «lovecraftiano».

Para mí, el origen del terror «lovecraftiano» es problemático, por decirlo de una manera suave. Lovecraft era un tipo problemático; nefasto, si usamos terminología 2020. Sus idologías impregnadas en los relatos y las representaciones de la otredad en su narrativa no están a tono con las esperanzas del presente ni con el futuro que quiero para mis hijas. 

Por esto decidí hace un quinquenio alejarme de lo «lovecraftiano». Como persona en conflicto constante con mis prejuicios y preconcepciones, no estoy dispuesto a continuar con el legado ultraconservador sexista racista y xenófobo de Lovecraft.

Pero no me puedo desprender del horror cósmico (no-lovecraftiano). 

Soy autor de terror (entre otros géneros del fantástico). Aprecio y asimilo los temas y estéticas del horror cósmico. Me recago de miedo, esa es la verdad. Porque conozco esa angustia metafísica. Porque es una fuente inagotable de pesadillas personales que quiero compartir con el mundo. Y porque mi horror cósmico no es «lovecraftiano». 

¿Tú qué prefieres? ¿Te gusta el horror cósmico «lovecraftiano» o «no-lovecraftiano»?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *