Escribir mi vida

En otras oportunidades he comentado acerca de escribir mi vida, de contar historias desde la experiencia personal; de cómo las alegrías, las tristezas y los traumas se cuelan en la ficción cuando la escribimos. Y constantemente estoy contando historias personales, acerca de mí y de mi pasado, en forma de anécdotas o alguna «memoir». A veces doy la lata, más veces de las que quisiera, pero ese soy yo, el latero, el que te habla de su vida como tu papá.

Aunque nunca me había planteado «escribir sobre mi vida», específicamente mi historia personal, como una ficción. No me refiero a una autobiografía ficcionada, sino una ficción fantástica, anclada en un periodo muy específico de mi infancia, de mi juventud, y del inicio de mi adultez. Conmigo como protagonista, en los lugares donde viví y con las situaciones en las que participé o fui testigo.

Me da pudor, no lo voy a esconder. Hay tantos eventos y personas que deberían aparecer si es que realmente me pongo en la tarea de contar mi historia, tal como la recuerdo (llenando los vacíos con recuerdos ajenos), que me da un no sé qué en la guata y se me quitan las ganas. Es automático. No quiero que X persona aparezca en el relato, porque le respeto o porque le detesto. No quiero encontrarme con un familiar y que me diga «leí tu libro» y que su expresión me produzca ganas de salir corriendo.

Cuando escribí Los Niños Monstruo durante 2021, quería representar un rincón lejano y casi olvidado de mi historia con un enfoque tangencial. Había lugares y situaciones que quería mostrar; pero sobre todo una sensación que me inunda cada vez que hago el esfuerzo de recordar esos años, de cuando era un crío.

Poner reglas para escribir mi vida sin escribir acerca de mí

Así que probando y probando, encontré una manera de enfocar la historia en el tiempo y lugar que me obsesiona. Sería algo como esto:

  1. Año, mes y días concretos, en un rincón de la ciudad que recuerdo demasiado bien.
  2. Una familia ficticia, que se parece demasiado a la mía, pero no es.
  3. Personajes que son retazos de varias personas que recuerdo de ese periodo, mezclados, fundidos y parchados como caracteres ficticios.
  4. Situaciones que recuerdo perfectamente, asignadas a estos personajes.
  5. Contexto y subtextos reales, del pequeño mundo en el que vivía.
Escribir acerca de mi vida

Todo eso me da para escribir una novelaza… Pero tiene que tener una capa de fantasía. Y con este barniz fantástico le doy el toque final de ficción. El marrasquino de duda sobre qué partes son reales y cuáles provienen de mi imaginación.

Aún estoy organizando mis ideas y no está fácil, porque a medida que construyo el mapa de ruta, pos se me van ocurriendo los desvíos. Y aquí es donde juegan un papel crucial esos cinco puntos constitucionales de más arriba. Cada desvío se vuelve difícil o imposible, y me fuerzan a regresar al camino. ¡No es una camisa de fuerza! Tengo tanta libertad para escribir lo que se me plante, como siempre. Y el trabajo para editar el borrador debería ser menos estresante.

«Escribir acerca de mi vida» no es escribir una autobiografía; es contar mi historia en una realidad diferente, pero tan cercana a la original que se podrían confundir los eventos (si no me conocieran).

Contar mi historia

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