Escribe lo que sabes

Este es uno de los primeros consejos que me dieron otras personas que escriben y es un pilar fundamental de quién soy como escritor. Soy de los que escribe lo que sabe. Pero ahora te preguntarás, «qué sabe este tipo de viajes por el espacio», o «qué sabe de la vida después de la muerte», o «qué sabe de las atrocidades cometidas en dictadura», por dar algunos ejemplos. Y la verdad es que no soy experto en ninguno de esos temas. ¿Y en qué quedamos entonces?

«Escribe lo que sabes» se refiere al conocimiento empírico, pero también al conocimiento genérico adquirido exclusivamente para que una obra no sea inverosímil. O dicho de otro modo, «lo que no sé, lo investigo».

Ahora te cuento cómo llegué a esta definición.

Qué es lo que sé

Lo que sé es todo lo que conozco y también lo que he validado y experimentado a lo largo de mi vida. Son esas verdades que conviven con la cultura de mi familia, y son también las contradicciones que se reflejan en mis acciones. Son todas las cosas que creía ciertas y que descubrí que eran un engaño, o una metáfora, o una costumbre familiar.

La definición ortodoxa de «escribe lo que sabes» proviene de este conocimiento concreto. Lo que sabes es lo que puedes replicar, porque sabes hacerlo, porque trabajas en ello, o porque lo ves todos los días.

La conductora de un tren sabe cómo conducir un tren; también sabe de trenes, de túneles, de rieles, de pasajeros, de emergencias, etc.; pero su vida no es solo conducir trenes, también tiene un hogar, pareja, tal vez hijos, familia extendida, amistades; en su círculo cercano hay otros conocimientos y ella tal vez sepa un poco de cada uno.

Qué es lo que disfruto

Tu conocimiento no se reduce solamente a lo que estudias y lo que trabajas. Pero es cierto que escribir una historia cercana al mundo que conoces es más fácil que escribir una historia ambientada en un mundo secundario del que no sabes nada. Tal vez amas cierto tipo de historias ambientadas en ciertos mundos secundarios y te sabes todos los tropos; podrías escribir historias ambientadas en un mundo secundario que se parezca a esos.

«Escribe lo que sabes» incluye también «Escribe lo que disfrutas». Yo disfruto la ciencia ficción, cierto tipo de fantasía urbana hopepunk y la mayoría del horror con final feliz; así que te puedes hacer una idea de lo que me gusta escribir.

Qué es lo que ignoro

Pero hay ocasiones en que las historias que escribo requieren un set de conocimientos que no poseo. Temas de infraestructura, geografía, genética, historia, sociología… La lista es larga y mi tiempo es escaso. Y lamentablemente, en mi caso, la ignorancia de ciertos temas es causal de bloqueo; no puedo avanzar en la escritura si no sé un detalle relevante que me ayude a entender y escribir mejor el contexto del mundo en el que se ambienta la historia.

Por ejemplo, en mi novela «Los Niños Monstruo» me pasé varias semanas sin avanzar, porque no sabía el precio del pan en julio de 1984 en Santiago, Chile. Y eso me llevó a una espiral de búsqueda para conocer el salario mínimo, cuánto se necesitaba para realmente vivir, cómo era la vida en tal bloque de departamentos, y más datos que luego no aparecieron en la novela. Al conocer esa información, se levantó el bloqueo.

No necesitaba recordar con lujo de detalles mi vida en 1984; tenía seis años en julio de ese año, la mayoría de mis recuerdos de esa época viven en fotos antiguas. Pero saber esa información me puso «en la zona» correcta.

Escribir lo que no sé

Y por supuesto que puedo escribir de cosas sobre las que no tengo ninguna certeza. Porque tengo teorías, ideas sueltas. Y esas teorías son el nutriente que necesito para montar historias en mundos extraños y en contextos ajenos a mí.

Algo que aprendí viendo Cosmos, mezclado con una noticia que leí en BBC Mundo, revuelto con un personaje que me gusta de La Casa Buho, puede convertirse en una Space Opera o en una Fantasía Urbana o en un Horror Cósmico. Los mecanismos de mi subconsciente que logran que tales elementos se mezclen, son misteriosos y solo se me ocurre mostrarlos como una juguera que nunca se detiene y a la que estoy constantemente agregando ingredientes; estos rara vez cuajan, pero cuando lo hacen, ¡ohmaigod!

Ahora mismo estoy retomando una novela que comencé a escribir en 2011. Me detuve y no recuerdo por qué lo hice. Pero cuando la retomé, un día de puro aburrimiento, comprendí que necesitaba algunas certezas antes de continuar. Por ejemplo, las dimensiones reales de la mega ciudad donde habita, y alguna idea visual de cómo sería tal espacio. Ciudades interiores, parques verticales, biosferas autosustentables. Cuánto demora un tren en dar la vuelta a una ciudad en forma de aro que tiene 14 km de circunferencia. Cuánta luz UV es aceptable en un contexto cerrado climatizado, que admita la producción de vitamina D sin convertirse en un peligro para la salud. Hidropónicos, piscicultura. Gallineros comunitarios. Filtros de gases y de mercaptanos. Estructuras ciclópeas hidráulicas.

En resumen

Estoy convencido de que puedes escribir lo que se te plante y no tienes que justificar tu decisión con nadie. Pero es mejor escribir sabiendo, que escribir ignorando.

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