La Autoficción Literaria

En una auto-ficción el o la protagonista es, sin dudar, el o la autora de la obra, y en el relato está implícito que hay personajes que «sí existieron» junto con situaciones que «sí ocurrieron».

En la autoficción, el escritor o la escritora usa su experiencia o episodios de su vida como materia prima para construir una ficción. Y para ello modifica, por razones éticas o estéticas, una gran cantidad de elementos, como los nombres de los personajes o los lugares donde ocurren los eventos; mientras que inventa o altera situaciones y aventuras en las que fue partícipe o protagonista.

Es una ficción literaria, aunque contenga trazos reconocibles de realidad. No aplican aquí los conceptos de «inspirado» o «basado» en eventos de la vida real, porque ese tipo de relatos se aleja a propósito de los protagonistas reales de la historia para construir una ficción libre de ataduras con los «eventos reales».

Y aclaremos esto, por si acaso no está tan claro: el o la protagonista de una autoficción es un avatar de el o la autora, pero NO ES LA PERSONA; es un personaje ficticio. Y la historia está repleta de lugares y eventos reales, pero nosotros, lectores, que no conocemos personalmente a el o la autora, no podemos saber qué es real y qué no.

Como autor de una novela de autoficción (trabajo en progreso) me fascina este ejercicio. De poner los escasos recuerdos de mi infancia al servicio de una ficción donde el protagonista se parece mucho a mí, vive en una casita como la casita donde yo viví, y tiene una familia y unos amigos que se parecen a los míos, pero no son ellos. Es más, este ejercicio me ha permitido recuperar memorias que no sabía que estaban allí, enterradas en décadas de auto-olvido.

No es una autobiografía.

Una autoficción no es lo mismo que una «autobiografía», que es una historia de no-ficción, relatada por su protagonista, donde se cuenta la vida y obra de su autor, en formato de crónica confidencial. NO-FICCIÓN.

Es un trabajo con la verdad, con mi verdad, y de todos los eventos que relato en la ficción, soy dueño de torcer los hechos como me plazca, para encontrar una nueva verdad ficticia.

En la autoficción trabajo con las ruinas de mi memoria, afanado en reconstruir ese pasado ruinoso.

No es una Mary Sue ni un Gary Stu.

La Mary Sue o el Gary Stu (Los inventaron en lógica binaria, pero no tienen género, así que los podemos usar como nos parezca), son la inclusión de el o la autora dentro de la historia, como el personaje más excelente, más justo, o más víctima, dependiendo del objetivo de la historia para el o la autora. El coprotagonista se enamora de la Mary porque la Mary es irresistible. El Gary llega a salvar la Navidad cuando nadie da ni un peso por el niñito Jesú.

Se reconocen porque son muy falsos, incluso en un contexto de ficción, y resulta obvio de qué se trata. Pero no es una autoficción, porque no se trata de contar la historia real «ficcionada». Se trata de forzar a el o la autora como protagonista dentro de la historia. Y son típicos, naturalmente orgánicos, en las fanficciones.

Algunos ejemplos de autoficciones latinoamericanas.

Referencias.

MUSITANO, JULIA. (2016). LA AUTOFICCIÓN: UNA APROXIMACIÓN TEÓRICA. ENTRE LA RETÓRICA DE LA MEMORIA Y LA ESCRITURA DE RECUERDOS. Acta literaria, (52), 103-123. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482016000100006

Malik de Tchara, Cecilia. (2022). AUTOFICCIÓN CON BUENA LETRA. FIGURACIÓN DE AUTOR EN LOS PERITEXTOS EDITORIALES. Alpha (Osorno), (54), 214-225. https://dx.doi.org/10.32735/s0718-22012022000541031

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