La Autoficción Fantástica

En algunas lecturas acerca de la autoficción, encontré la siguiente afirmación: «Toda autoficción es fantástica». Y se refiere a que la simple construcción de una autoficción es un acto literario que utiliza la fantasía para ubicar a el o la autora en sus lugares y con sus eventos, pero fuera de su propia historia, como si se tratara de algo que le ocurrió «a alguien más».

Como la mentira de un niño que cuenta alguna fechoría propia, pero la relata como algo que hizo alguien más; inocente fantasía.

Algo me dice que sí, que es verdad que toda autoficción es fantástica, aunque no tenga elementos propios de algún género fantástico. Y es por esta razón que no encontramos a las autoficciones de muchos y muchas autoras junto con las novelas de Gaiman, Sanderson o Le Guin en el estante de fantasía, terror y ciencia ficción.

A su vez, esto responde a la pregunta de cuándo una autoficción es fantástica. Dejando de lado que toda autoficción es fantástica, una autoficción es canónicamente fantástica cuando obedece a algún canon fantástico. Es decir, cuando ocupa un lugar dentro del imaginario de las y los lectores como una obra de fantasía, terror y/o ciencia ficción; esto es independiente de su estatus de «autoficción».

(Nota mental: buscar ejemplos de autoficción de ciencia ficción; si conoces alguno, por favor compártelo en los comentarios).

Una novela de autoficción Fantástica.

Recuerdo vívidamente un texto de Neil Gaiman donde contaba la génesis de su novela «Un océano al final del camino». En uno de sus muchos viajes a California para trabajar en algún guion de película, comenzó a contar la historia de su niñez. Primero como unas notas en su cuaderno, después como un cuento, y más tarde como una novela corta, que pronto se transformó en una novela propiamente tal. Imágenes de su infancia, de su casa y su familia, entremezcladas con fantasía para hacer frente a recuerdos dolorosos y también a los vacíos interminables de la memoria.

Cuando lo leí, fue la primera vez que reconocí que existía esta cosa llamada autoficción, aunque no recuerdo si Gaiman la reconocía como tal. La «autoficción (fantástica) fantástica» realmente existe. Me tranquiliza saberlo. Y me energiza para continuar con la reconstrucción de mi ruinosa memoria en forma de una autoficción.

La novela «Los Niños Monstruo» no es realmente una autoficción, porque los lugares y los recuerdos no son realmente míos, aunque sí son de otras personas. No soy tan osado como para otorgarle categorías que no posee.

Por favor, háblame de las autoficciones que conozcas, que hayas leído, y las que estés escribiendo.

Referencias

Rubio Rubio, Cecilia. (2021). “YO HE VISTO UN PÁJARO VERDE”: EXPERIENCIA, MEMORIA Y AUTOFICCIÓN FANTÁSTICA EN LA OBRA VANGUARDISTA DE JUAN EMAR. Nueva revista del Pacífico, (75), 42-59. https://dx.doi.org/10.4067/S0719-51762021000200042

Leave a Comment