Cuando Escribir era Terapia

En el colegio pasé por grandes depresiones. El tipo de depresiones que me hacían pensar en morir, e imaginar a la gente a mi alrededor llorando por mí, sufriendo porque no supieron valorarme.

Ese tipo de depresiones.

No s√© cu√°ndo escrib√≠ la primera l√≠nea. S√≠ s√© que iba acompa√Īada de un deseo, “ser un escritor famoso” aunque no supiera lo que eso significa. Tal vez vi alguna pel√≠cula rasca donde aparec√≠a el t√≠pico escritor gringo firmando libros.

Y casi inmediatamente sublimé toda esa imaginería fatalista en mis escritos.

A√ļn conservo gran n√ļmero de hojas de cuaderno con poemas y cuentos. Ni hablar de las faltas de ortograf√≠a. Puedo decir sin miedo a ser tildado de chamullero, que tengo (m√≠nimo) un centenar de escritos, pero por supuesto que son m√°s.

¬ŅY por qu√© tanto? Ya lo dije un p√°rrafo atr√°s: sublim√©.

Ahora s√© que fue una suerte. Primero descubr√≠ la lectura, ah√≠ aprend√≠ a enfocar mi imaginaci√≥n desatada; y casi de la mano surgi√≥ la necesidad de escribir. Fue una compulsi√≥n, supongo. Al principio no, era algo t√≠mido. Pero despu√©s… Ah, ese centenar de escritos…

A veces creo que tener una imaginación tan viva es más una maldición. No es una imaginación cualquiera, me basta cerrar los ojos para ver imágenes que transitan, se generan y desaparecen sin prenderles ninguna mechita. A veces no son imágenes muy agradables, pero la mayoría del tiempo son puras tonteras.

Le atribullo esta cascada casi alucinatoria a mi l√≥bulo frontal da√Īado. O sea, supongo que est√° da√Īado. Era muy peque√Īo, ni s√© que edad ten√≠a, cuando jugando a las guerrillas me lleg√≥ una gran piedra en plena frente. Casi puedo recordar que se incrust√≥, pero tal vez invent√© esa parte de la historia. No puedo asegurarlo.

Y he sido así toda mi vida, así que no recuerdo si antes del piedrazo fue distinto.

El secreto de mi sobrevivencia en este mundo enloquecedor, ha sifo el enfoque. Si viajo en la micro o el metro, voy leyendo. O voy creando. Y cuando no hago nada de eso… uf…

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