Sin miedo a la crítica

Hubo una época en que no quería que nadie leyera lo que escribo, por miedo a la crítica, a que me dijeran lo penoso de mi redacción o lo básico de mis ideas. Era un niño apenas, hace más de quince años. Y con el pasar del tiempo aprendí, más a la fuerza que por voluntad propia, que la crítica, incluso la destructiva, siempre es una oportunidad para mejorar.

Hace muy poco tiempo unos conocidos escritores a quienes  admiro, rasgaron vestiduras porque la crítica había manoseado una novela recién publicada por uno de ellos y se volvieron críticos de las críticas, con argumentos más pensados para herir los sentimientos o el ego de los críticos que para defender la obra. No voy a ahondar en eso, porque después me tildan de carbonero, hasta reptiliano me han dicho por ahí.

El asunto es que una novela, cuento, pintura, canción, cualquier creación surgida de la mente del artista, es como un hijo. Pobre del que vaya por ahí diciéndole a una madre que su hijo es feíto, o que quizá es subnormal. ¡El infierno que le espera al pobre diablo que haga semejante comentario! Y el artista, el escritor en este caso, sólo sueña con alabanzas, sobretodo si sus amigos que leyeron a su hijo le vienen diciendo hace meses que es una obra maestra.

No se puede ser indiferente a la crítica. Es imposible, a no ser que el autor viva en una burbuja desconectada de la realidad. A lo más se puede aprender a leer la crítica de la obra propia con la distancia suficiente para entender que se trata sólo de la opinión de un lector más. Un lector con tribuna, por cierto. Pero eso no le suma peso a su opinión (fundada o no) como para ponerla en una balanza contra el resto de los que opinan de la misma obra. Ahora con la Web 2.0 con mayor razón, una crítica puede recibir comentarios variados, a favor o en contra, y todos pesan igual.

Además, lo que sea que se escriba no le gustará a todo el mundo. La humanidad es muy variada, las características culturales de cada lector, incluso dentro de un radio urbano muy cercano al autor, hacen que cada persona entienda de manera distinta un mismo mensaje. Es imposible que una obra le guste a todo el mundo. Podría ser recomendada, ponerle estrellitas y voladores de luces que digan “lo mejor de lo mejor” y aún así no le gustará a todo el mundo.

En Ee.Uu. se usa mucho la crítica literaria con objetivos comerciales. Una buena crítica aumenta la venta de un libro y mientras más libros se venden, las editoriales más invierten en publicidad y en el autor. Todos ganan. Un libro muy leído se convierte en best-seller, así de simple. Y los best-sellers son candidatos seguros a producir una precuela o secuela, incluso a convertirse en película o serie de televisión. Porque en Ee.Uu. la venta de libros es un excelente mercado trampolín. En Chile la cosa no funciona así. Fin.

Alguna vez postulé que la crítica literaria es una forma de censura. Estaba equivocado y lo declaro aquí sin vergüenza. La razón es que en Chile los que leen crítica literaria son, en su mayoría, escritores y literatos. Debe haber alguien por ahí que le gusta leer libros con buena crítica, para evitarse leer algo que no sea de su agrado. Y paremos de contar. Es tan poca la gente que de verdad lee y adhiere a una crítica literaria, que el efecto en las ventas de un libro es ínfimo. Si se trata de una buena crítica, la editorial y el autor la usarán en su provecho, pero si no, pasará al olvido.

No hay que darle tanta bola a una crítica, menos si es destructiva u ofensiva. Las hay de las dos. La oportunidad de aprender surge de todo comentario que le permita al autor ver dónde los lectores se sintieron más cómodos, dónde incómodos, dónde confundidos, y con esa información puede jugar a potenciar alguno de esos dóndes para crear una nueva obra que explore otros tópicos. Si el arte es así, la literatura no tiene por qué ser puro gozo y sonrisas.

En mi caso, todavía no caigo en las mandíbulas de la crítica literaria, tal vez porque mi novela PSIQUE no ha llegado a las manos adecuadas, o simplemente no quieren publicar una crítica de esta novela. Preferiría que la hubiera, y si le tiran mierda, entender dónde cae esa mugre y usar esa información para que la próxima novela no sangre por la misma herida. Si alguien me pregunta por mi opinión de la crítica, diré que siempre es bienvenida, y es la pura verdad. Nada de decir que los críticos son escritores frustrados ni ninguna burrada que denote que me partieron el corazón.

Esto de escribir para [email protected], es sin llorar.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *