Escribir una historia soñando con “la película”

Es una tendencia ineludible de mi generación y las posteriores, que crecimos pegados al televisor: imaginamos la historia en un contexto audiovisual, con una estructura de película.

En mi fuero ególatra sueño que esas historias que invento acaban como película. ¿Entonces por qué no escribo guión cinematográfico en vez de cuento o novela? Hoy no escribo películas porque la temática específica de mis historias no es lo suficiente épica como para que llame la atención de productores o directores. Solo ayer encontré un extracto de una nota en Io9 que resume el tipo de película que tengo en mente y que seguramente NUNCA ESCRIBIRÉ.

(…) los ejecutivos de desarrollo (development executives) suelen exigir lo mismo siempre:

1) El protagonista debe ser la única persona que puede ser el héroe en el guión. Tiene un destino épico o una serie de cualidades muy específicas que le hace perfecto para el rol. Se acabaron los días cuando el protagonista podía ser un cualquiera que se encontraba en el lugar adecuado en el momento equivocado.

2) Las apuestas tienen que ser elevadas. No importa cuán altas sean las apuesta ahora, deben ser mayores. La historia no puede ser acerca de un pueblo pequeño, sino que debe tener la posibilidad de afectar al mundo entero. No puede ser acerca de un padre o madre salvando a su hijo. En el proceso, además deben detener al antagonista de apoderarse del gobierno (o del mundo) …

La traducción es mía. Luego de leer ese artículo y otro relacionado (¿Por qué todas las historias tienen que ser tan aterradoramente épicas?) llegué a una conclusión tranquilizadora. Soy incapaz de escribir en una épica.

Entiéndase por historia “épica” toda aquella que conlleva un cambio a nivel global. En el Señor de los Anillos la reaparición del anillo único y todo lo que desencadena, pone en juego la paz en la Tierra Media, y el desenlace de esa historia cambia el mundo para siempre; en los Vengadores, el mundo es amenazado por fuerzas extraterrestres y pase lo que pase, el mundo no volverá a ser el mismo!!!!!! Y así. El mundo está en peligro. El mundo cambia para siempre. Eso es “Épico”.

Las historias que no son épicas son aquellas más cercanas, que se ubican en un contexto de cambios importantes para una comunidad o grupo de personajes, y sin importar el desenlace, la situación es contenida y sus efectos son a pequeña escala.

Yo prefiero esas historias “pequeñas”, me gusta leerlas y escribirlas. No niego que mi corazoncito sueña con la gran obra épica repleta de secuelas que se escriben solas, pero tal historia no podrá ser mientras no aglutine un público que esté dispuesto a leer todas mis patrañas.

Por lo tanto, ya no pienso en las historias en términos de cómo se vería si la hicieran película, porque ese tipo de historia difícilmente llega a la pantalla grande. Es posible que en una década tengamos un rebrote de las historias más íntimas y personales en el género fantástico, y que la épica de gran escala ya no sea la norma. Pero no recomiendo escribir haciendo un cálculo de lo que será moda el año que viene. Esto de escribir es una ruleta rusa. Escriban lo que quieran escribir, incluso historias épicas. Solo tengan esto en mente y no se desmotiven porque no llegan a ser la lumbrera del género en lo que queda de esta década. Escriban mucho, lean mucho más, y sigan a su genio que les dicta esas historias fascinantes.

Escribir fuera de la pantalla

Esto es un ejercicio difícil. Soy uno de los millones que se pasaron gran parte de la infancia viendo series y películas en horario familiar. Mi cerebro está cableado para imaginar cierto tipo de historias usando un formato que en realidad no conozco. Escribo prosa, no soy dibujante ni guionista. Escribo cuentos y novela, no escribo películas. Tampoco escribo comics, aunque ése es un terreno en el que me siento cómodo y creo que viajaré al mundo de las viñetas muy pronto.

Escribo prosa. Me es fácil imaginar una escena en un contexto cinematográfico, pero al momento de escribirla otra parte de mi cerebro se hace cargo y ésta no escribe imágenes en movimiento; escribe palabras que representan momentos e ideas y pensamientos de personajes que solo existen en una versión imaginada de mi multiverso. Escribo prosa, no escribo guión cinematográfico.

Gran parte de mi proceso de aprendizaje, prueba y error a lo largo de las décadas que llevo imaginando y transcribiendo al papel lo que imagino, ha sido romper con esa dependencia de la imagen encuadrada para describir lo que los personajes hacen y dicen y sienten. Veo tanta televisión como me permite mi escaso tiempo libre, porque gran parte de las historias que me fascinan están en formato audiovisual, pero eso es parte de esto de ser escritor de fantasía y ciencia ficción, supongo.

El televisor con su programación idiotizante es mi enemigo. El computador conectado a Internet y un ancho de banda suficiente para recibir streaming, son mis mejores amigos ahora. Veo lo que quiero cuando quiero. Veo lo que me sirve, no lo que quieren que vea. Y así también me instruyo en algunos aspectos en los que no soy experto.

Aún así mi escritura sigue atada a lo audiovisual, aunque no lo quiera, aunque reniegue de ello. Pasarán otras décadas antes que lo corrija, me temo.

 

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